
Se ve en estas ilustraciones que otro Honda-e estará en el escaparate de Tokio, una feria que ahora es bienal y que abre las puertas el 30 de octubre. El prototipo ha dado bandazos por todo el orbe desde 2023; de exhibición en exhibición, de Asia a Europa y a las Américas, y ahora se desvela la versión (casi) definitiva. La marca trata de enmendar una pifia que empezó en el año 2019 y que terminó en un cese de fabricación el año pasado.
Las imágenes computerizadas enseñan un manojo de buenas intenciones y, sobre todo, una dura lección: la estupidez humana, contra todo aforismo filosófico, a veces tiene un límite. Honda chocó contra ese tope, cuando trató de endosar el modelo ‘e’. Es la primera marca en reaccionar. Después han de venir los demás fabricantes de supuesto alto caché, que ya tienen el agua al cuello y que deben rectificar.
Un fracaso de manual
El Honda-e se apuntaló en España sobre unos precios que iban de 34.000€ a 37.300€ y con ello se hicieron el harakiri. Debieron pensar que su poder seductor y su interior lleno de teléfonos móviles acostados sería infalible. La realidad dicta que no le puedes pedir a un ser humano sin oligofrenia el pago de ese dinero por un vehículo que necesita volver al enchufe a los 150 km. De segunda mano y apenas sobijados, piden 24.000€ y tampoco los venden. Es evidente.

Les está pasando lo mismo al Abarth 500E, al Apine A290, al MINI Cooper SE… Una vez le has endosado el capricho a cuatro tolondros, ya puedes cerrar la fábrica, porque te has quedado en números rojos.
La premisa básica del Sustaina-C es poner los pies en el suelo. La culpa de un tortazo empresarial no la tienen las leyes ni las energías, tampoco es achacable a una pandemia, ni a una crisis de microchips, ni a una guerra, ni a unos aranceles que le pones a un enemigo imaginario.
Las leyes te piden que electrifiques o que emitas menos contaminación al fabricar un producto, usarlo y reciclarlo. No se exige en ningún decreto que plantees ideas de costes disparatados para la clientela. Esto mismo le pasó a Audi con su modelo A2, que respondía al requerimiento de bajar cifras de CO2. Era un pequeño gran coche, pero se estrelló con todo su aluminio dentro; el resultado era bueno, pero la idea no. La Historia se conoce que la olvidamos pronto, y cada tanto alguien mete la pata en el mismo sitio.

¿Qué habrá aprendido Honda y qué veremos en el Salón de Tokio? En buena lógica, veremos un Honda-e con retrovisores en lugar de cámaras, con 80CV en vez de 150CV, con un habitáculo menos fantasioso, con una pantalla en vez de seis, con un maletero más aprovechable… Y un precio que se aproxime a la categoría de popular. Todo este párrafo son especulaciones nuestras, no califican de noticia todavía y las hacemos con la suposición de que el deseo de Honda es vender este coche, a mayor número de unidades mejor. En caso de porfiar con la fórmula del primer Honda-e, tendrán un segundo batacazo asegurado.










