
En el cierre del mes de noviembre, las instalaciones de Saarlouis en Alemania se han detenido, la gente ha ido a la calle y sin una aclaración de cuál será el futuro. La fábrica de Saarlouis no ha llegado a cumplir los sesenta años y el Focus se ha quedado a las puertas de la treintena. Penetrar en un concesionario Ford europeo deja la impresión de estar en un comercio que tiene colgado un cartel de «liquidación por traspaso de negocio».
Ford Europa ha ido amputándose todos sus miembros uno a uno y las prótesis que se ha colocado no funcionan. Los lazos alemanes han permitido un cambalache con el grupo VAG a fin de camuflar furgonetas y vehículos eléctricos de Volkswagen con un óvalo delante, enganchado con cinta adhesiva. La matriz de Ford ha roto el principio elemental en la administración de empresas: si retiras un producto, pon otro que lo sustituya. Ejemplo fácil: quitaron el Escort, pusieron el Focus.
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