Salón del Automóvil de Barcelona 2013, salir del coma profundo


En medio de la vorágine de Ginebra, casi no nos damos cuenta de cuán maltrecho está nuestro evento internacional del automóvil. Ha estado marchitándose desde que algunos constructores empezaron a hacer recortes y se tomó la decisión de no celebrarlo anualmente. Agostándose edición tras edición, llega el turno este mes de mayo para presenciar un evento que, ahora mismo, no tiene un futuro muy claro.

Esta mañana, el diario económico Expansión se preguntaba si es que ya tenía algún sentido, y entremedio de una información que no parece demasiado contrastada ni definitiva, se añadían cucharadas de puyas políticas. Lo mejor de ser un medio independiente y no tener que seguir directrices de un grupo mediático es que podemos mandar a todos los políticos al Cigarral de Toledo y dedicarnos a hablar de coches.

Con los datos sobre la mesa, os diré que el Salón de Barcelona se celebra desde 1919. Fuimos unos de los pioneros del progreso, y tiene un valor histórico y de proyección mundial que no podemos dejar morir. En el Estado Español hay una fuerte industria vinculada a la automoción y nada más que por ello sí tiene todo el sentido del mundo que se celebre, a pesar de lo que puedan opinar los derrotistas o los que tienen otros intereses lejos de los coches.

Y hay que buscar una manera de que sea rentable, que las marcas no tengan intenciones de chantajear y amenazar con no aparecer, como ya pasó en el 2009, y que, por el contrario, se sientan seducidas a tener protagonismo en la exposición. Eso es lo que haría que los fabricantes se reservaran modelos para su presentación mundial en la Ciudad Condal. Porque todo indica que del 9 al 19 de mayo, lo único realmente nuevo que vamos a ver es el Seat León familiar.

Cambios profundos en la gestión

Hay que reanimar al Salón de Barcelona, sacarlo de su estado comatoso y su conexión a una máquina de respiración artificial como la de los hospitales, cuando están decidiendo si dejarte morir o esperar un milagro. Los que adoramos los coches y los que trabajamos en el sector deberíamos estar de acuerdo en esto.

Por presión del Gobierno Catalán y por presión del Gobierno Central. Hay que equilibrar las cuentas y tal vez no pedir a los fabricantes inversiones enormes con pocas opciones de retorno monetario; para nosotros debería ser una cuestión de prestigio y de hacerse ver en el mundo, no de lucrarse.

Ocasiones como el World Mobile Congress o el Salón del Automóvil son rigurosamente necesarias para que el resto del planeta no nos mire como un país bananero, sangrando por una gestión pésima durante décadas.

Expansión asegura que Toyota y Opel no van a venir, y eso todavía no es definitivo. En la misma línea, el grupo PSA y Ford albergan “dudas”, según ellos. Ambos fabricantes tienen mucha presencia industrial en la península y muchísimo mercado. Así que las dudas son las mismas que tienen a la hora de decidir qué estrategia siguen en Ginebra o en cualquier otro salón del automóvil.

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