La boda de Tamara Ecclestone cuesta cuatro millones de euros


Vamos a hacer prensa rosa. Las revistas españolas rumorean que son quince millones de euros, pero en el Huffington inglés, que es mucho más próximo a las celebrities que tratamos, estiman el coste sólo en cuatro millones. Bernie Ecclestone tiene dos hijitas, Petra y Tamara, una rubia y una morena. No es que sean feas, pero si hubieran nacido en mi barrio y no les dedicaran docenas de jornadas de Photoshop, no las conocería ni el repartidor de butano: Nada de espectacular en sus cuerpos, y en sus vidas sociales, expuestas a las revistas, dan lo que en neurofisiología catalogan como “síntomas de actividad cerebral baja”. Estamos hablando de lo que podemos ver, porque, en realidad, no conocemos a estas pobres personas, y algo bueno deben tener, como todo hijo de vecino.

Tamara es la más díscola y rebelde, según comentan los hambrientos paparazzi: después de haber protagonizado escándalos sobre supuestos vídeos porno caseros, borracheras en la calle y de haber sido portada de Playboy en mayo, ahora, siguiendo el ejemplo de su hermana Petra, se acaba de casar con su último novio, Jay Rutland (no estoy seguro de si la “d” final es correcta.)

El bodorrio fue en la Riviera Francesa, oficiado en una bonita playa. Querían un estilo entre mediterráneo y hippie. Las imágenes plasman el concepto que tienen ellos por los términos “romántico y desenfadado”. La fiesta ha durado cuatro días y han tenido ocupadas 73 habitaciones del Grand Hotel de Cap Ferrat, cerca de Niza, y estaba allí hasta Elton John. Algo íntimo y entre amigos. El Daily Mail asegura que incluso asistió Sean Connery. No me lo creo: al segundo día de champagne y techno music, el anciano hubiera aparecido flotando bocabajo en el agua.

La factura se la han enviado directamente a Bernie Ecclestone, igual que la del casamiento de Petra. En los próximos GP de Formula 1 van a tener que aumentar las multas a los equipos y pilotos para compensar el gasto. Cuidado con las velocidades dentro del Pit Lane o con quedarse a trabajar en el box fuera de horas.

¿Y quién demonios es Jay Rutland?

Nadie. Un broker o corredor de bolsa londinense de treinta y pocos años. Si el viejo Bernie estira la pata pronto y el dinero se reparte entre Petra y Tamara, Jay podría haberse marcado un auténtico “hole in one”, como llaman a la gesta más épica en el golf: desde la salida y en un solo golpe, la pelota va directa al hoyo.

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