Inventos para coches de lo más ridículos

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Desde que el primer vehículo autopropulsado comenzase a circular por las calles de París en 1769, la industria del automóvil ha sido testigo de grandes y progresistas inventos, obras de ingeniería que mejorarían la conducción en muchos aspectos, desde los cinturones de seguridad en 1769 hasta los actuales sistemas de detección de coches.

No obstante, también ha habido tiempo en la historia para quedarse boquiabierto con inventos tan funestos e inservibles que podrían resultar más que peligrosos. Hoy daremos un repaso a los elementos que han sembrado el pánico en los automóviles.

El minibar magnético


Hoy en día, el número de accidentes mortales a causa del alcohol en Estados Unidos asciende a 100.000 muertos al año, pero en 1957, el Cadillac Eldorado Brougham contaba con un minibar magnético escondido en la guantera del propio vehículo. Si el alcoholímetro se había inventado tres años antes y no formaba parte de los instrumentos policiales, ¿qué importaba si los conductores empinaban el codo? El coche contaba con un juego de cuatro vasos metálicos y una pequeña botella de cristal perfectamente diseñados para no derramar ni una sola gota.

El tocadiscos para el coche


Todos los vehículos del fabricante estadounidense Chrysler se equiparon desde 1956 hasta 1959 con un reproductor de discos. Por aquél entonces, un LP de vinilo medía 30,5 cm de diámetro y podía reproducir hasta 25 minutos de música para el conductor. Lamentablemente, los ingenieros que inventaron este aparatoso sistema de sonido no pensaron en los poco eficaces amortiguadores de los vehículos, por lo que los saltos, los baches y las curvas cerradas hacían presión sobre el lápiz del tocadiscos y las pistas se quedaban a la mitad de reproducción. Lo peor de todo es que además dañaba los discos para siempre.

El saco para perros


Este peligroso invento se presentó por primera vez en junio de 1935, dentro de la famosa revista estadounidense dedicada a temas de ciencia y tecnología Popular Mechanics. Por aquél entonces, tras el término de la ley seca estadounidense, transportar un animal a bordo de un vehículo estaba considerado un ejercicio indecente y antihigiénico para la sociedad, por lo que adoptaron una solución que además daría al perro un poco de aire fresco: un saco para perros en el exterior.

Este sistema era simple. El saco estaría sujeto con ganchos en la parte superior y con prensas en la inferior. La revista Popular Mechanics promocionaba este revolucionario invento de la siguiente manera: “Cuando lleve a su perro a dar un paseo, si prefiere hacerlo en coche, ahora puede subirlo de manera segura y cómoda gracias a este saco amarrado en el estribo”.

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