Bonnie & Clyde Ford V8, coches de leyenda

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Hoy es 23 de mayo, aniversario de la muerte de Bonnie&Clyde, una historia con cien versiones y docenas de libros, películas y series. De todo lo que pudo ser cierto y lo que no, hay sólo dos cosas que no varían ni podrán variar nunca en ningún testimonio o análisis sobre enemigos públicos famosos.

Una es la estatua en Louisiana donde se reúnen los norteamericanos propensos a las efemérides de gángsters y la otra es el auténtico Ford V8 que se llevó todos los balazos de la emboscada policial en una carretera secundaria.

El Coche de la Muerte, como se le conoce entre los estudiosos de la historia criminal americana, no sigue en Louisiana, donde tuvo lugar el tiroteo en 1934…

Whiskey Pete’s Resort and Casino

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Para verlo hay que ir a Las Vegas ¿Dónde si no? Allí posa junto a dos maniquíes en el hall de un casino.

Los propietarios del Whiskey Pete, supuestamente, lo adquirieron en una subasta en 1988 por 250.000 €, pero ¿cuánto dinero ha recaudado en ocho décadas? Imposible saberlo. Hasta la propia Ford en los años 30 se encontró sin quererlo con un reclamo publicitario perfecto para su Model 18 de 64 CV, al que la gente se refería mundanamente como Ford V8: el ‘Death Car’ tal vez fue una de las primeras operaciones de marketing automovilístico de la era moderna.

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Para los redactores de Road Side America no ha sido fácil localizar el coche real, pues inmediatamente después del tiroteo el vehículo fue exhibido de Estado en Estado, con las manchas de sangre aún esparcidas por el habitáculo y la carrocería. En incontables ocasiones se le ha perdido la pista y, además, proliferaron las recreaciones fraudulentas del vehículo.

Peritos expertos en coches han destapado estafas en Washington o en California, pero ¿quién le otorgó el título de ‘real’ a este coche de Las Vegas? No hay una sola firma en un documento público que yo haya podido rastrear desde internet. El Ford V8 de las fotos podría ser tan falso como los maniquíes que tiene al lado. Poca cosa puede aportar el certificado de autenticidad tamaño valla publicitaria que está en el casino.

Bonnie&Clyde, 1967

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La película dirigida por Arthur Penn añadió al suceso una fórmula infaliblemente taquillera: los guapos Faye Dunaway (encarnando a Bonnie Parker) y Warren Beatty (en el papel de Clyde Barrow), idealizando el drama de los dos fugitivos enamorados que mueren trágicamente.

Aún así, mucho antes de que Hollywood pusiera las manos sobre ellos, Bonnie&Clyde ya tenían millones de simpatizantes. En plena depresión económica, donde parte de la población vivía por debajo del umbral de la miseria, la pareja era la ensoñación de unos bandidos Robin Hood que se llevaban el dinero que los ricos guardaban en los bancos. Por expresarlo de alguna manera, en el imaginario popular norteamericano, se trataba de justicia poética.

Los escritores y periodistas que entrevistaron a familiares y conocidos de la señorita Parker y el señor Barrow toparon con muchos claroscuros. Hay quien dejó por escrito que sólo formaban parte de una banda de atracadores que preferían los robos violentos en pequeños comercios a los asaltos épicos en oficinas bancarias. Hay quien dejó por escrito que fueron cuatro agentes quienes los mataron. Hay quien dejó por escrito que fueron seis. Hay quien dejó por escrito que el coche tenía 167 agujeros de bala. Hay quien dejó por escrito que tenía 130…

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Lo que sigue perturbando el sueño de la justicia estadounidense es que jamás se aclaró si la emboscada se cumplió con legalidad. En Estados Unidos, cuando se quiere practicar una detención, hay que darle al sujeto o sujetos la posibilidad de entregarse y, de llevar armas encima, los sospechosos han de ser advertidos para que las dejen en el suelo.

La policía sólo puede abrir fuego únicamente si un individuo que va a ser arrestado se convierte en una amenaza directa para la vida de los agentes y civiles que estén en la zona crítica.

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Los representantes de la ley descargaron sobre dos personas el contenido de demasiada munición y de demasiadas armas. Los balazos en el Ford V8 lo atestigüan. Y, por otra parte, Las declaraciones de los agentes, que fueron mutando con el paso de los años, crearon una nube de sospechas, y entra dentro de lo plausible que Bonnie&Clyde fueran masacrados directamente. Otra mácula para la policía más perfecta del país más perfecto del planeta Tierra.

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Vídeos de leyenda

No me puedo desprender de este reportaje sin aportar tres piezas audiovisuales cruciales. El primero es un material filmado el mismo día de los hechos y en el entierro de Bonnie Parker. Ahí están los cadáveres, el coche como un queso gruyer, las armas que había en el maletero y dos sheriffs junto a dos ayudantes que intervinieron en la operación.

El segundo vídeo es la escena final de la película de Warren Beatty y Faye Dunaway, para siempre en los anales del cine policíaco.

Y el último es el vídeo del Ford V8 que está en Las Vegas. Si el que aparece en este clip es el mismo que se ve en el primer vídeo, el que fue filmado precisamente ese 23 de mayo de 1934… Bien… Supongo que nunca lo sabremos, como tantas otras historias que el tiempo engulle.

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