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Ya no sirve con mirar el color y buscar uno igual. Quizás hubo un tiempo, más o menos cuando el chimpancé inventó el ciclomotor, en que el asunto era bastante más simple. La multiplicación de fabricantes y la inclusión de clases y subclases de motores y fuentes de energía ha vuelto casi inaprensible el misterio del circuito de refrigeración.
Al último, hay dos principios básicos: nunca mezcles y consulta el manual de uso y mantenimiento. Es así de sencillo.
Los colores
Se les puso colorantes a los líquidos de protección calorífica con dos finalidades; identificar fugas y conocer cuál era el porcentaje de refrigerante y de agua destilada en la garrafa. Esto ha dejado ser así. Rosa o amarillo, o verde, o azul… El color sólo sólo cumple la misión más básica a fecha actual, que es la detección de un escape.
Con ello, el primer principio básico, el de no mezclar colores, quizás parezca una vaciedad, pero quizás nos evite una pérdida de garantía por manipulación incorrecta en un caso de avería. Cuando el vehículo está en tiempo de garantía del fabricante y se presenta un sobrecalentamiento con roturas mecánicas severas a consecuencia, como el vaso de expansión tenga un color de guano de gaviota a resultas de la mezcla de colores, ya tendremos una pelea asegurada.
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El manual
Ese libreto que dice «manual del usuario», «manual de mantenimiento y uso», o títulos similares, es como el Código Civil, la Biblia o la Constitución. Ahí se encuentra un apartado sobre los datos técnicos, y en esa sección consta la marca del refrigerante y sus especificaciones, que son códigos alfanuméricos. La marca te la puedes saltar, las especificaciones no. Es fácil: lo que añadamos debe ser del mismo color y de las mismas especificaciones que se reflejan en el manual.
¿Qué contiene un refrigerante?
A menos que trabajes en el laboratorio del embotellador del producto, con exactitud no lo sabrás. Pero, a brocha gorda, diremos que es una mezcla de agua destilada con la receta secreta de compuestos químicos. Todo ello ha de servir para que el líquido ni se congele ni hierva a las primeras de cambio. También ha de evitar la herrumbre, los espumarajos, los coágulos y las lesiones de los tubos metálicos y plásticos de todo el circuito. El porcentaje de agua destilada y de refrigerante que hay en la garrafa varía en una horquilla que va del 80%-20% hasta el 50%-50%… Vuelvo a repetir que esto ya no se sabe por el color.
Los compuestos químicos pueden ser minerales, orgánicos o una mezcla de ambos. De ahí que nos atengamos al manual del usuario y nos fijemos en los códigos. De nuevo a brocha gorda, los orgánicos se usan más por el hecho de que su reciclaje es un poco más sencillo. Los anticongelantes orgánicos proceden de hidrocarburos y sus bases suelen ser, o bien el etileno, o bien el propileno.
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El repertorio de consejos
Nos queda recordar sólo unas cuantas perogrulladas, pero que igual tienen su relevancia. Uno, que el nivel de líquido con el vehículo parado y en frío se mantenga entre las rayitas de «mínimo» y «máximo» que se observan en el vaso de expansión. Por cierto, ahí está el tapón que debemos sacar para reponer la cantidad faltante. Dos, rellenar el líquido cuando todo está a temperatura ambiente; nos ahorraremos quemaduras u otros sustos sanitarios. Tres, el circuito se ha de purgar al completo y se ha de renovar todo el anticongelante cuando lo señale el manual, ya sea por kilometraje o por tiempo transcurrido desde que se hizo la última vez. Cuatro, lleva siempre un litro en el maletero, con tu botiquín de urgencias mecánicas.
Cinco y último, tras una purga completa de circuito, quizás necesites echar un par de veces una cantidad pequeña de líquido, pues quedan burbujas de aire que desaparecen con los primeros kilómetros y el nivel desciende.