GP Rusia 2014, Steven Seagal agente secreto

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Con una postal de trajes folklóricos y caras solemnes mientras sonaba el himno nacional, se inauguró el tilkódromo de Rusia; asfalto anchísimo y acabado de poner el uno de agosto del 2014, con el mensaje de «Jules estamos todos contigo» pintado en blanco bajo los semáforos. Faltaba un sitio en la parrilla, Marussia no quiso reemplazar a Bianchi con un segundo piloto.

Putin y Ecclestone dándose un abrazo era una imagen siniestra. Un gesto ceremonioso que sellaba el contrato de siete años con el Autódromo de Sochi. Dinero a espuertas: la entrada con las mejores vistas costaba más de 2.000 € y, rizando el rizo de lo fastuoso y desmedido, la próxima temporada se la están planteando como una carrera nocturna.

Todo cuanto rodeó a la ceremonia fue una caricatura de ‘El Gran Dictador’ de Charles Chaplin. El gabinete de seguridad había avisado a los medios que si alguien se acercaba demasiado a la magnánima persona de Putin los inhibidores de frecuencia les freirían los teléfonos móviles y las cámaras.

Paseándose por los andurriales de los hospitalities iba medio perdido Steven Seagal. La chiste fácil más repetido era que el superkarateka estaba de misión secreta, agente especial 007 con cuerpo de hipopótamo al servicio de su majestad.

Era muy bizarro ver a la traductora encabezando el séquito de personalidades cabizbajas ante el emperador y a los pilotos respondiendo a las curiosidades de su excelencia por medio de aquella mujer robot. Añadiendo al caldo las imágenes de Steven Segal en el Paddock, el cuadro ya se volvía un esperpento.

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Blandos (amarillos) y medios (blandos) fue la elección de Pirelli, no muy intrépidos a la hora de tomar la decisión en concilio con la FIA. Se criticó mucho el conservadurismo con los neumáticos, pero tampoco creo que haya que tirarle piedras a Pirelli; nadie sabía cómo se iban a comportar los coches en una pista sin estrenar.

Al final resultó que el circuito apenas degradaba, pero antes que ruedas explotando, se vio que la gracia no estaba en gestionar el desgaste, sino en machacar las gomas para mantenerlas en una temperatura caliente y no deslizar. Justo al revés del resto de grandes premios, es decir, los más agresivos fueron los más beneficiados.

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La salida tiene una primera curva que se puede hacer a fondo y es un churro de asfalto largo y amplio, pero la segunda curva a derechas es criminal. Se baja de 312 km/h a 105 km/h.

En frío y por la ausencia de esa abrasión, Rosberg erró: clavó los frenos delanteros de tal forma que las ruedas delanteras se quedaron cuadradas, y en la mismísima primera vuelta tuvo que entrar en boxes. Quedó relegado a las catacumbas, pero remontó con la pasmosa supremacía y determinación que estamos acostumbrados a presenciar ante los pilotos de Mercedes esta temporada. Segundo después de Hamilton, he perdido la cuenta de los dobletes que van ya.

Invencibles

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Así que Mercedes se largó de Rusia como campeona de constructores a falta de tres carreras para finalizar la tournée. La primera vez que ganan este premio y lo han conseguido porque el coche es invencible. Invencible en seco a cincuenta grados, invencible bajo lluvia fría, invencible en circuitos revirados, invencible en circuitos rápidos, invencible en asfaltos de pista, invencible en pavimentos urbanos.

Lo de Hamilton y Rosberg sigue abierto con fórceps; se desconoce qué gemelo saldrá antes del vientre de la madre. Los separan sólo diecisiete puntos. No hay órdenes de equipo y aparentemente nada más que la suerte decidirá de qué lado cae la moneda. Los dos están equivocándose muy poco y Lewis se ha desecho de los problemas de fiabilidad que lo mermaron en el arranque del año, cuando el único tema de debate era si el sonido de los motores turbo era bonito o feo.

Como fuere, Hamilton encadenó su cuarta victoria consecutiva, un récord extra para el libro: nunca antes un piloto británico lo había conseguido.

Otro factor de tensión que nos regaló la elección de compuestos indestructibles fue la crecida alarmante de consumo de combustible. En general, la mayoría de equipos se las vieron y se las desearon para llegar a la bandera de cuadros, pero Force India, Toro Rosso y Red Bull pasaron los peores aprietos.

En buena parte, la pericia de Fernando Alonso con la gestión de la gasolina le sirvió para vencer el pulso a los Red Bull dentro de este territorio y cruzó la línea final sexto, por delante de Ricciardo y de Vettel, impedidos de forzar el motor a máxima potencia en el último tramo si querían terminar con la cantidad de gasolina reglamentaria.

¿Podía haber rebasado a los dos McLaren? El ritmo de carrera así lo indicaba, y pese a que Fernando aseguró que Button y Magnussen iban más rápido, lo cierto es que sus posibilidades de acercarse a la cuarta y quinta plaza se esfumaron cuando el mecánico retiró el gato antes de que le colocaran la rueda delantera izquierda en boxes. Allí desaparecieron cuatro segundos.

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Hermético como siempre, Alonso no criticó ni culpó a nadie y siguió haciendo mutis sobre su futuro inmediato. Dedicó el fin de semana a entrenar y correr y a los protocolos de Ferrari para mostrar sus respetos a la familia de Jules Bianchi, que continúa en el hospital de Japón con un pronóstico tan desconocido como delicado.

El otro ganador

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Hace semanas que en Ferrari se hablaba de que su objetivo en términos de constructores era pelear con Williams. Es un mero espejismo. Williams está en otra liga en este 2014.

Claire Willliams sonreía en el reparto de copas; su pupilo Bottas hablaba con el periodista desde el tercer cajón del podio y es impresionante pensar dónde estaba la escudería hace 12 meses y dónde está ahora. Bottas está siendo más consistente que Massa en los resultados, y me remito al segundo puesto que sacó de Bélgica y de Italia. Aún así, la Team Principal de Williams confirmó el domingo antes de la carrera que los dos pilotos conservarán su asiento el año próximo, conque ya podemos tachar otro nombre en las conjeturas del Expediente Alonso 2015.

Cerrando un poco estas divagaciones del GP de Rusia 2014 me encuentro con una pista de la que aún no puedo sacar demasiadas conclusiones. Es muy goloso echarle los perros a Pirelli si no hubo más refriegas al volante. Pero de la forma en que lo veo, nadie, ni la FIA ni Pirelli ni las escuderías, nadie, absolutamente nadie forzó la máquina. Lo del accidente de la semana pasada aún está por digerir y por traer cambios de reglamento y seguridad a la Formula 1.

Tres carreras para decir adiós. Nos vemos en Texas.

Fórmula 1,
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