Skoda ya lleva medio millón de Superbs fabricados


En su planta de Kvasiny, en la República Checa, este fabricante bajo el paraguas del grupo VAG acaba de sacar del horno la unidad 500.000 de su buque insignia. Ha querido la fortuna que se tratara de una versión Laurin & Klement, que es donde Skoda echa el resto y se supera a sí misma con lo mejor de lo mejor: llantas de dieciocho pulgadas, interior de cuero e inserciones de madera, equipo de música de diez altavoces, cambio DSG y todas las exquisiteces que el cliente pueda desear.

¿Quién es ese cliente?

Desde Skoda declaran sin tapujos que el Superb tomó forma en su segunda generación en el año 2008 para ser un coche mundial, y cuando dicen mundial, quieren decir que tenía que ser vendible en el continente asiático. Está disponible en ochenta y cinco países, pero es que en China les enchufan el 44 por ciento de los Superb que se fabrican.

Allí sencillamente ha arrasado. Lo primero porque es un sedán, y eso les encanta a los chinos. Lo segundo, porque no se puede negar que el coche tiene porte y te da cierto aire de prestigio y estatus. Y lo tercero, porque tratándose de una pedazo de berlina enorme, su calidad/precio es imbatible. Al cierre del ejercicio del 2011, Skoda superó por primera vez la cifra de las 100.000 unidades vendidas en un año, más concretamente fueron 117.000.

Un paso adelante

El primer Superb, del 2001, pecaba de unos acabados algo soviéticos, si bien mecánicamente no se le podía poner ningún pero. Ahora bien, el salto que dieron en su segunda reencarnación les valió varios premios internacionales. Lo convirtieron en un lujo asequible, con toda la tecnología más vanguardista de la que disponía la casa madre. Es decir, no hay nada en un Volkswagen Passat que un Superb no pueda tener. Del primer Skoda han sabido mantener el índice de fiabilidad mecánica y, por dentro, no hay coche en su segmento que le supere en espacio y comodidad.

Si vas sentado detrás, parece que estás subido en una limusina. Han priorizado en su diseño la comodidad de los pasajeros. Tal vez por eso, cuando te lo miras de fuera, da la sensación de ser una cara chata, de esas que no tienen nariz. Muy poquito morro y culo, y del pilar A al C queda todo un mundo de chapa y puertas que no se termina nunca. El efecto óptico es que las ruedas delanteras y traseras están distanciadísimas. Esta estética tal vez es la que ha hecho que en España no haya funcionado a tan bien como esperaban. Porque cualidades para hacerlo las tiene.

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