Menudo susto se llevaron durante el rodaje de la última película de Nicolas Cage en Nueva York. Un Ferrari F430 perdió el control al patinar con el asfalto mojado y se fue a empotrar contra una de las calles de Manhattan. Por suerte, nadie quedó herido de gravedad. Tan sólo 2 peatones tuvieron que ser atendidos aunque ninguno de ellos tiene heridas de gravedad.